La Democracia, Columna de Anibal V Abreu
El mes pasado fue el día del periodista, esta fecha me trajo a una reflexión, hablar de prensa es hablar de uno de los valores mas importantes del ser humano, el valor libertad.
La libertad de prensa esta íntimamente ligada a las libertades del hombre, el libre examen de las cosas, la cabeza libre y su independencia de criterio es el gran capital del periodista para defender la verdad o las fuerzas profundas de las cosas que pasan en una sociedad, no hay nada mas autentico que un periodista libre, aun defendiendo principios y convicciones propias y nada mas canalla que un periodista meritorio o cretino útil de intereses particulares. Por eso vaya mi homenaje a todos los periodistas libres de cabeza y sin ataduras
Pero si bien el estar envuelto en estas reflexiones fue la causa e inspiración del presente artículo, el gran tema de nuestra columna de hoy es una gran preocupación de nuestra sociedad en estos días, las libertades de hoy y su decadencia…
Cuando escuchamos a nuestro Presidente hablando de temas secundarios para crear hechos políticos y distraer la atención de los uruguayos de los verdaderos asuntos importantes, estamos ante un humo artificial que pretende confundirse con las verdaderas nubes.
Los uruguayos crecimos en un país libre sin discusión, nunca como sociedad tuvimos la desgracia de tener que reclamar por la honestidad de nuestros gobernantes, legisladores sabios y responsables que representen el sentir ciudadano y no mezclen el interés público con el privado, y que sean del pelo que sean sostengan un plan definido y sostenido de vida. Jueces ecuánimes que no salgan con banderitas a manifestarse ni a favor ni en contra de las causas que tienen en sus carpetas. Fiscales honorables que se retiren de una causa cuando tienen intereses personales encontrados. Hombres probos que solo se inclinaban ante su majestad la ley.
Hoy no podemos permitir que el humo nos impida analizar objetivamente cual es la sociedad que se nos presenta en contraposición a ese país que nos vio crecer, si perdimos algo en cualquiera de estos aspectos que mencionamos, hemos perdido libertad…
Nuestra cuna fue libre, diversa y por sobre todo tolerante, nuestro país como crisol de razas, tuvo en el marco de su historia realidades por todos conocidas y si de algo se pudo enorgullecer es la gran diversidad y aceptación de “todos” en los ámbitos que eran de todos. Así teníamos pares que tenían mejor nivel de vida que nosotros, otros que eran mas humildes y también estaban los que su familia la pasaba mal, pero entre todos nos bancábamos, con diferentes orígenes, situaciones económicas y mentales, pero había puntos en común que eran de todos.
Así estábamos en la escuela túnica blanca, moñaazul, termo mate, Peñarol – Nacional. Hoy pensamos mucho menos de términos “todos” y mucho mas en términos de “no te metas”.
Si lo observamos desde la ventana de la libertad, estamos perdiendo.
Hoy la educación tiene precio y no para toda la sociedad sino para quien la puede pagar. Hoy pagamos para estar separados.
No es una crítica a la educación privada, sino todo lo contrario, es una preocupación por la pérdida de la educación pública. Hay una educación sin comando que no sabe que hacer con los recursos, hay docentes que piensan que un país puede ser viable convirtiendo sus aulas en comités políticos, y pretendiendo escribir una historia “nueva“.
Estamos asistiendo a una realidad perversa para el Uruguay que mencionamos al principio, llevamos varias generaciones formando ciudadanos sin principios y estamos pagando el pecado.
Ya no salen a la calle a reclamar libertades porque están anestesiados y dejan hacer a sus políticos sin decir agua va. Eso si hablamos de los que aun están en el sistema, porque los que están afuera no se preocupan por esas cosas, solo viven, no piensan ni proyectan nada, pero eso si, votan. Y no son pocos, ya no es aquel pequeño porcentaje “que hay en todas las sociedades”. ¿Y el derecho de crecer con libertad y salud? No existe.
Cuando la forma de pensar respecto a los destinos de nuestro país cambian a raíz de las simpatías ideológicas de un gobierno con respecto a otros, y vemos fenómenos en la vecina orilla como la ley de medios de Argentina (el llamado “per saltum”) permitiendo que una causa vaya directamente a la corte suprema sin pasar por tribunales intermedios y poder así ganar la “guerra de medios”, debemos inquietarnos, porque esto puede ser contagioso entre los
“amigos ideológicos” y también perdemos libertad.
Cuando los sucesos económicos o políticos cambian en función de proyectos comunes de algunos políticos de turno que creen haber comenzado una historia reciente, que lejos de enorgullecernos nos apena, estamos ante la misma demagogia que ostentaron gobiernos totalitarios anteriores, creer que eran ombligo y el principio de la historia y estar ciegos a la dimensión de los tiempos, también estamos perdiendo libertad.
Cuando por su cotidianeidad, hechos no comunes nos dejan de asombrar, nos van generando formas de pensar, de interpretar y de hacer las cosas, de forma diferente a nuestro pensamiento, a nuestra educación. Desde un Gobernante que no respeta el protocolo de rigor para su investidura hasta un docente con miedo a ingresar al aula por las represalias de los alumnos.
Es así, vamos aceptando situaciones sin compartirlas y sin comprenderlas, esta desidia nos lleva irremediablemente a perder la libertad de decidir como sociedad nuestros valores.
Es así que lo que aprendimos de nuestros maestros y mayores respecto a la forma de progresar a través del trabajo, de la formación de la familia, de ser honesto y fundamentalmente cumplir con nuestros compromisos va perdiendo importancia. Valores que se inculcaban desde el seno del hogar teniendo a la escuela como una extensión del mismo, y observando ejemplos en la vida real en maestros, profesores, comerciantes y empresarios.
Es una decadencia de ojos abiertos, nos estamos alejando del valioso legado de nuestros abuelos, de nuestros padres, y yendo más allá, del sentido común.
Es común pensar que lo importante es lo que me “dan hoy” lo que vivo yo, y luego el que venga que se arregle. O es peor aún, alentar la idea de que “cortar camino” es redituable en contraste con el trabajo honesto.
Si no despertamos ante esta realidad también estamos perdiendo libertad.
Pero cuando nos referimos a nubes no hablamos solamente de valores, seguridad y salud, también hay preocupaciones mas terrenales, por ejemplo del déficit fiscal que tuvo una caída muy importante y es la verdadera causa de la inflación, al déficit en las cuentas fiscales, el déficit global del sector público, las pérdidas de las empresas públicas, la inflación de los últimos meses.
No se están teniendo en cuenta las tendencias internacionales, de una caída muy importante de las demandas por las diferentes crisis.
El Endeudamiento externo, las empresas públicas deficitarias y sus inversiones deficitarias. La inflación y su repercusión en los medianos y pequeños productores, la desvalorización del dólar. Todas debilidades de gestión de un gobierno que pretende tapar con humo, como la ubicación de los desaparecidos y los derechos humanos, temas que son fundamentales y continuos, pero no sustantivos en lo que se refiere a la vida cotidiana de nuestro Uruguay real.
Es importante destacar que no sostengo que todos los males nacieron con el actual Gobierno, pero si afirmo que se prometió solucionar mágicamente los problemas desde la raíz y no cambió nada ni tembló ninguna raíz, por el contrario estamos igual que antes.
En este articulo hemos repetido varias veces la palabra libertad, pero nunca será suficiente hasta que reaccionemos como sociedad con una revolución mental, y es ese nuestro trabajo y norte, dentro del Partido Nacional y mas allá de nuestras fronteras partidarias, la libertades y dentro de ellas apelamos a la única que nos puede hacer despertar colectivamente: la libertad de conciencia.
Aníbal V. Abreu
Convencional Nacional

